Injerto de encía paso a paso: así tratamos un caso real
Una recesión severa, el miedo a perder el diente, y el resultado seis meses después.
A la consulta llegan muchos pacientes preocupados por lo mismo: ver una raíz expuesta y pensar que el diente está "sentenciado". Este caso es uno de esos, y por eso creemos que merece la pena compartirlo: no como promesa de resultado, sino como ejemplo real de cómo se aborda una recesión gingival cuando el diagnóstico está bien hecho.
El punto de partida
La paciente acudió a nuestra clínica con mucha preocupación por la gravedad de una recesión gingival. Su miedo era claro y comprensible: perder el diente.
En la exploración identificamos dos factores que estaban agravando el problema:
La posición del diente, que favorecía mecánicamente el avance de la recesión.
Una inflamación crónica de la encía, que influía negativamente en la estabilidad del tejido ya retraído.
Es importante entender esto: una recesión rara vez tiene una sola causa. Tratar solo el síntoma visible -la raíz expuesta- sin abordar lo que la está favoreciendo, es la forma más habitual de que un tratamiento no dure.

El tratamiento: injerto de encía
Explicamos a la paciente el tratamiento indicado para su caso: un injerto de encía orientado a recubrir la raíz expuesta y devolver estabilidad al tejido gingival. El objetivo no era solo estético, sino frenar la progresión de la recesión y proteger el diente a largo plazo.
Antes de operar, tratamos también la inflamación crónica presente en la zona. Intervenir sobre una encía inflamada, sin controlar antes ese proceso, compromete la cicatrización y la estabilidad del injerto.
Tratar solo lo visible, sin resolver lo que provoca la recesión, es la forma más habitual de que un injerto no dure.
El resultado a los 6 meses

Tras el postoperatorio y el periodo de cicatrización, revisamos el caso a los seis meses. El resultado fue muy favorable: la raíz quedó recubierta, la línea de encía se regularizó respecto a los dientes vecinos, y el tejido presentaba un aspecto sano y estable, sin signos de inflamación.
Más allá del resultado visual, lo relevante desde el punto de vista clínico es que se cumplieron los dos objetivos del tratamiento: proteger el diente y estabilizar el tejido que rodea la raíz, reduciendo el riesgo de que la recesión vuelva a avanzar.
"Llegó con mucho miedo a perder el diente. Ese miedo, cuando el diagnóstico identifica bien la causa, casi siempre tiene solución."
Dr. Ramón Ceballos, sobre este caso
Qué nos enseña este caso
Una recesión visible no es solo un problema estético: puede comprometer la supervivencia del diente si no se trata.
El origen de la recesión -posición dentaria, inflamación, hábitos- debe abordarse junto con la cirugía, no solo la consecuencia.
Los resultados de un injerto de encía se valoran con perspectiva: la revisión a medio plazo (en este caso, 6 meses) es la que confirma que el tejido se ha estabilizado.
¿Tienes una recesión y te preocupa tu diente?
Si te ves reflejado en este caso, lo primero es una valoración diagnóstica: solo así podemos saber qué está favoreciendo la recesión en tu caso y qué tratamiento tiene sentido.


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